Si llevas tiempo con la tripa hinchada, gases y digestiones pesadas, es probable que alguien te haya hablado del SIBO. Aquí tienes, en lenguaje claro, qué es, cómo se detecta y qué papel tiene (y no tiene) la alimentación.
¿Qué es el SIBO?
El SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) aparece cuando hay más bacterias de las habituales en el intestino delgado, un tramo donde normalmente hay pocas. Esas bacterias fermentan parte de lo que comes antes de tiempo y producen gas, y eso explica la hinchazón, el dolor y las digestiones lentas.
Cuando el gas predominante es el metano, hoy se habla de IMO (sobrecrecimiento de microorganismos productores de metano), que suele ir más de la mano del estreñimiento.
El SIBO no es algo que «se pille». Suele aparecer cuando falla alguno de los mecanismos que mantienen a raya a las bacterias: el movimiento del intestino, la acidez del estómago, una cirugía previa o ciertas enfermedades. Por eso se tiene que buscar la causa de fondo y no solo tratar el síntoma (el error que se comete hoy en día más de lo que nos gustaría…)
Síntomas más habituales
- Hinchazón abdominal, sobre todo después de comer
- Gases y eructos
- Dolor o molestia en la tripa
- Diarrea, estreñimiento o ambas cosas alternadas
- Digestiones lentas o sensación de saciedad rápida
Son síntomas inespecíficos: los mismos que dan el síndrome de intestino irritable, las intolerancias o la dispepsia. Por eso el SIBO no se diagnostica por cómo te sientes ni con un test casero. Tiene su propio diagnóstico.
¿Cómo se detecta el SIBO?
La prueba más usada es el test de aire espirado. Soplas en un dispositivo antes y varias veces después de tomar una solución de glucosa o lactulosa, y se mide el hidrógeno y el metano que sale en tu aliento.
El consenso norteamericano sobre estos tests considera positivo un aumento de hidrógeno de al menos 20 partes por millón en los primeros 90 minutos, y un nivel de metano de 10 partes por millón o más (Rezaie et al., 2017).
No es una prueba perfecta: puede dar falsos positivos y falsos negativos, y se interpreta siempre junto con tu historia clínica. Antes del test te darán instrucciones de preparación (dieta previa, ayuno, medicación que evitar). Síguelas al pie de la letra, porque si no el resultado se falsea.
El test lo indica y lo interpreta tu médico. Yo no lo diagnostico: trabajo con tu diagnóstico.
Qué hace y qué no hace la alimentación
El tratamiento de fondo es médico, normalmente con antibióticos a criterio de tu especialista, y busca además la causa que lo ha provocado (Pimentel et al., 2020).
La alimentación acompaña. Durante unas semanas se reducen los alimentos más fermentables (la llamada dieta baja en FODMAP) para aliviar los síntomas, y después se reintroducen poco a poco, uno a uno. La dieta por sí sola no cura el SIBO, y no se trata de comer poco ni de quitar alimentos para siempre.
Si acabas de recibir el diagnóstico y no sabes ni qué cenar, empieza por mis ideas de cenas con SIBO.
Cómo lo trabajo en consulta
Sé que ahora mismo lo último que te sobra es tiempo. Por eso en consulta no te doy una lista de 40 alimentos prohibidos y te dejo sola con ella: diseñamos juntas unas cenas (y comidas) que funcionen para ti y para tu familia sin duplicar cocina, ajustamos la fase de restricción a tu día a día real, y te acompaño en la reintroducción para que en unas semanas vuelvas a comer con más tranquilidad, no con más miedo.
Si te acaban de diagnosticar SIBO y no sabes por dónde empezar, puedes ver cómo funciona la consulta de salud digestiva o escribirme directamente y te cuento cómo lo abordamos.

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